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Involucrar a los niños en las comidas

Por Jen Allbritton

Traducido por Verónica Belli Obando

Original English Version

Inculcar la apreciación por los alimentos desde los primeros años de tu hijo es un verdadero regalo, una enseñanza que va a resonar en ellos por generaciones. Afortunadamente, los niños fácilmente se dan cuenta a qué le dedicamos nuestro tiempo, recursos y atención, por lo que dejaremos una huella definitiva si ven que le damos a los alimentos la importancia que merecen. Una cita del autor Wilfred A. Peterson dice así: “Nuestros hijos están observando cómo vivimos; lo que somos habla más de nosotros que cualquier cosa que podamos decir.”

La hija de mi amiga Scout protege sus ojos cuando ayuda a cortar cebollas en la cocina.

Es importante que seamos intencionales en la manera en que presentamos la comida a nuestros hijos. ¿Cómo podemos hacer que participar en la cocina sea más atractivo? ¿Cómo podemos motivarlos a colaborar e incluso a estar a cargo de algunas comidas cuando sean mayores? En este ensayo discutiremos algunas ideas para inspirar a tus hijos a que se involucren en la cocina y, a lo mejor, a que estén interesados en su propia alimentación.

VENTAJAS DE INCLUIR A LOS NIÑOS EN LAS ACTIVIDADES DE LA COCINA

Piensa en tu cocina como un área de juegos y un salón de clases donde los niños aprenden lecciones valiosas La mejor parte de cocinar juntos es pasar tiempo riendo, disfrutando el uno del otro, y creando recuerdos. El segundo beneficio es forjar en nuestros hijos el amor y aprecio por los alimentos y la comida, y el entendimiento de todo el esfuerzo involucrado en nutrir a nuestros cuerpos.

No existe mejor momento que ese minuto en que pelamos una mandarina, o el tiempo en que hacemos un caldo de pollo, para discutir la capacidad que tienen esos alimentos de nutrirnos. Una buena idea es tener siempre a la mano, en la cocina, una fuente de referencia sobre el detalle del valor nutricional de los distintos alimentos, que nos ayude a explicar a nuestros hijos por qué consumimos cada alimento y por qué un nutriente particular es vital para la salud. Por ejemplo, un libro clásico en inglés para esto es The Whole Foods Companion, escrito por Dianne Onstad.

También puedes explicarte en términos más familiares. Digamos que una persona quiere ser alta o que otra persona quiere tener el pelo más brillante. Podemos mencionar cómo los nutrientes nos ayudan a lograr nuestros objetivos físicos desde adentro hacia afuera; por ejemplo: “el pescado que estamos comiendo tiene mucha proteína que ayuda a crear nuestros músculos, y también tiene una vitamina llamada B12 que fortalece tu sistema nervioso para que puedas continuar desarrollándote” o “esta mezcla de nueces y semillas te aporta una buena cantidad de vitamina E y proteína, necesarias para que el cabello sea fuerte y brillante”.

Otras lecciones que podemos encontrar en la cocina incluyen:

  • Exploración y creatividad
  • Persistencia -no todas las recetas salen bien la primera vez, así que date la oportunidad de seguir intentándolo.
  • Validación y confianza, gracias a aquellas veces que logramos ver y probar un trabajo bien hecho.
  • Leer recetas y poder seguirlas trabaja las matemáticas (medidas y fracciones) y la curiosidad científica para niños en edad escolar. Alista una pizarra y una tiza para tu trabajo.
  • Preparar platos con carga cultural abre la mente a otras geografías y lenguajes (las conversaciones que pueden surgir a partir de esto son innumerables).
  • Aprender a mantener un espacio limpio. Ningún trabajo en la cocina está completo si no dejamos el espacio limpio. Aprender a dejar un espacio tan o más limpio de lo que lo encontramos es una lección que construirá un alto sentido de responsabilidad en tus hijos, que puede influir positivamente en su sentido de responsabilidad para toda su vida.
  • Fortalecer las habilidades de lenguaje al utilizar los nombres adecuados para los utensilios y las técnicas de cocina.
  • Mejorar las habilidades motoras finas en los niños en edad pre-escolar al revolver, servir, medir, aplastar, enrollar, etc.
  • En general, desarrollar habilidades que son útiles mucho más allá de la cocina y del hogar.

 PERMITIR QUE LOS NIÑOS SE SIENTAN INVOLUCRADOS EN TODO EL PROCESO DE LA COMIDA

Los niños se sienten involucrados en la comida cuando se les hace partícipes en todos y cada uno de los aspectos de su creación, comenzando desde el origen de los alimentos. Idealmente, los niños deberían vivir experiencias como visitar granjas para conocer a los animales que proveen la leche que consumimos, o poder sentir la tierra donde crecen las papas y las zanahorias.

Una forma de lograrlo, para una familia, es participar en huertos comunitarios en el vecindario, si es que estos están disponibles.

La investigación confirma lo que muchas personas que mantienen un huerto ya saben: pasar tiempo al aire libre cultivando tu propia comida te da satisfacción e incrementa tu deseo de comer productos frescos. Para un niño, pasar al menos treinta minutos de la semana atendiendo un huerto será una motivación para consumir vegetales. Haz lo que funcione para tu familia —a veces, mantener todo un huerto puede no ser práctico: considera tener macetas con hierbas aromáticas en la ventana o semillas germinadas en la esquina de la cocina.

Otra forma de conectar con el origen de tu comida es visitar los mercados de alimentos y tener cercanía con los productores. Procura que la compra de alimentos sea una experiencia familiar. Deja que los niños miren de cerca la sección de abarrotes y hagan preguntas; para esto, siempre que sea posible, construye una relación cercana con los productores de alimentos, de manera que los niños se sientan cómodos de preguntar todo tipo de detalles. Al igual que en la cocina al momento de preparar alimentos, incluir a los niños en las compras puede hacer que la experiencia sea más larga y tediosa de lo normal, pero recuerda mirar el panorama más grande: estás ayudándolos a construir grandes convicciones y aprendizajes sobre y a través de la comida, que les servirán por el resto de sus días.

Cada niño es único y algunas personalidades disfrutan más de estar a cargo que otras, pero a todos nos gusta la satisfacción de un acto llevado a cabo correctamente. En el caso de mi niño pequeño, cuando lo dejo “a cargo” de una tarea, lo toma de forma muy seria y está completamente al tanto de cada uno de los pasos con mucho orgullo. Ten confianza de dar responsabilidad en la cocina a tus niños pequeños; las siguientes son algunas ideas para que empieces:

  • Poner la mesa
  • Engrasar las sartenes
  • Anotar las preferencias o intolerancias de cada miembro de la familia para esa comida
  • Limpiar y poner la mesa al inicio; retirar y limpiar la mesa al final.
  • Lavar los vegetales
  • Amasar la masa para los panes
  • Revolver la mezcla para los panqueques
  • Servir las porciones individuales de una ensalada de frutas
  • Hacer un poco de investigación: si los niños son lo suficientemente grandes como para utilizar la computadora, asígnales preguntas sobre la historia de una comida o un alimento: ¿De dónde proviene tal ingrediente originalmente? ¿Es cultivado en nuestro país y si es así en qué parte? ¿Dónde se originó la receta que estamos preparando y en qué contexto?

FOMENTAR LA ALEGRÍA A LA HORA DE COMER

Antes que nada, las comidas necesitan ser placenteras, relajantes y despreocupadas. Conversa acerca de cosas positivas; haz preguntas que abran la puerta a conversaciones alegres, y procura contar uno que otro chiste. Puedes adicionar aún más valor al momento teniendo un centro de mesa, incluso uno creado por los propios niños, poniendo una música que disfruten, o teniendo manteles temáticos para la mesa —deja volar tu imaginación.

Una opción es celebrar “días alegres” tomando algún motivo de excusa. Intenta hacer una comida especial para celebrar unos “días festivos” que tú y tu familia elijan con algún motivo; por ejemplo, nosotros celebramos estos:

  • El cumpleaños de Elvis Presley el 8 de enero. Preparamos sánguches de banana y mantequilla de maní (sus favoritos), ponemos un CD de Elvis, y todos bailamos al ritmo de nuestras canciones favoritas.
  • Celebramos el Día del Helado, cada tercer domingo de julio. Preparamos nuestro propio helado casero a partir de crema de leche cruda, jarabe de maple y extracto de vainilla, y cada uno adiciona lo que prefiere.
  • Noche de tablas de piqueos. Preparamos tablas de quesos, aceitunas, vegetales en bastones, frutas en trozos, tomates pequeños.
  • Cena alfabética. Elegimos una letra del alfabeto y en esa cena servimos comidas que empiecen con esa letra.

Otra opción es hacer que la planeación de comidas sea un evento familiar: dar a los niños la opción de participar en la elección de las comidas que se servirán a lo largo de la semana los hace sentir totalmente incluidos. Deja que lean con detenimiento tus libros de recetas, miren juntos programas de cocina, y vayan a la librería a buscar información sobre alimentos.

APROVECHAR EL MATERIAL ESCRITO Y AUDIOVISUAL

Mira películas y lee libros que inspiren a tus hijos -o que los eduquen, ya sea en el valor de los alimentos desde su origen, o en el efecto nocivo de la comida chatarra en nuestros cuerpos.

Documentales como “The Future of Food”, dedicado a los alimentos genéticamente modificados, “Modern Meat” sobre la industria moderna de carne; documentales sobre las distintas industrias de alimentos en general, y también sobre agroecología y producción agrícola en tu país y en tu región. Miren los documentales en familia y luego asignen tareas que les permitan adentrarse en el tema y que revisarán juntos.

Un libro que proporciona una mirada crítica sobre la comida chatarra es “Fast Food Nation” de Erick Schlosser. Una nueva edición es titulada “Chew on This” pensada en niños de nueve a quince años. En ambos libros se detalla la historia de la comida rápida, así como sus secretos más oscuros. Otras ideas son leer sobre la vida rural, las prácticas tradicionales agrícolas de tu país y del mundo, y las experiencias personales con cambios de dieta o cambios de sistemas alimentarios.

¡Libros con imágenes! En casa amamos leer libros con imágenes —historias graciosas, ilustraciones hermosas, finales felices. “Leer es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo” -Joseph Addison.

Muchos libros incorporan a los alimentos de una manera divertida y educativa. Un libro favorito en mi hogar es un clásico que muestra entre páginas la comida tradicional de Norteamérica en el siglo diecinueve. El libro es “La pequeña casa en la pradera” de Laura Ingalls Wilder. Este libro, junto con los otros de esta serie, hoy en día clásica, ha captivado a niños y niñas por generaciones. Para ellos es emocionante revivir las experiencias de los Ingalls en los 1800s, y qué otra manera de experimentar su forma de vida que preparando comida como ellos lo hacían a diario en su hogar. También existe un libro dedicado exclusivamente a la comida en esta obra; se titula: “The Little House Cookbook”.

Pregunta en tu librería e investiga en internet más opciones de tu país y de tu región. Existen muchos libros brillantemente escritos sobre los alimentos y las formas de comer tradicionales alrededor del mundo. ¡Siempre existen hechos interesantes y nuevas líneas de información por navegar!

Ahora estás preparada para crear tu propia receta para involucrar a tus niños en la cocina. Primero, empieza con una buena base de entusiasmo personal e invierte en la mejor comida posible, espolvorea un poco de actividades bien planeadas para mejorar el aprendizaje, y ten el horno prendido a diario para asegurar toda una vida de amor por la buena comida. ¡Feliz tiempo con tus niños en la cocina!

Este artículo apareció en la revista Wise Traditions in Food, Farming and the Healing Arts, la revista trimestral de la Weston A. Price Foundation, en la edición de otoño de 2009.

Acerca de Jen Allbritton

Jen Allbritton es esposa y madre. Tiene un certificado en nutrición y disfruta de investigar, escribir y experimentar en la cocina según los principios nutricionales de la WAPF. Su columna “Wise Kids” es parte regular en Wise Traditions, la revista trimestral de nuestra Fundación. Jen tiene un título en kinesiología de la Universidad de William y Mary, y ha pasado los últimos 14 años aprendiendo y enseñando sobre el efecto de la comida en nuestra salud.

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